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REPORTAJES METROPOLITANOS

PATA DE PERRO

PATA DE PERRO * Dolor de Muela

Por RAMIRO GÓMEZ-LUENGO

En 1973, el grupo Led Zeppelin advertía: If it keeps on rainin’, levee’s goin’ to break, When The Levee Breaks I’ll have no place to stay.
Que quiere decir algo así como: “Si sigue lloviendo, el dique se va a romper. Cuando el dique se rompa, no va a haber lugar a donde ir”.
Palabras más palabras menos, los habitantes del cerro del Chiquihuite, ese en donde se hallan las antenas de casi todas las televisoras que transmiten desde el Valle de México y que se hizo famoso por las marchas que realizaron hasta sus instalaciones los aguerridos defensores de la libertad de negocio, perdón, de expresión, del ahora resucitado y muy liberal Canal 40, ya no saben si habrá otro lugar a donde ir, pero sí están muy conscientes de que tienen un dolor de muela.
Y es que frente a la unidad habitacional del Arbolito Segunda Sección, entre los linderos de Ecatepec y Gustavo A. Madero, no solo hay un una cancha de tierra y piedras que se ostenta como Deportivo La Muela, sino que unos 49 metros más arriba, allí donde las casas de ladrillos sin tapujar se dan de topes con un muro imponente que evita que los paracaidistas convertidos en montañistas se anexen las instalaciones del Chiquihuite, se alza imponente una estructura de roca sólida que llama la atención no sólo por su tamaño, sino también porque tiene forma de muela, y lo peor de todo, porque está sujeta a la tierra sólida por un muñón de no más de dos metros de diámetro.
“Cuando poblamos las faldas del cerro jamás creímos que en menos de 10 años las casas fueran a llegar hasta la barda, pero ya ve, la necesidad de un hogar y las promesas de los políticos nos hicieron quedarnos a la espera de que nos reubicaran, y hoy en día nomás contamos los días pa’ ver cuando esa madre se nos viene encima”, explica doña Acacia, nativa de Guerrero y quien tiene el “honor” de vivir a menos de 20 metros de la imponente roca.
Mal hablada y cotorra como todos los negros de la Costa Chica, Acacia recuerda que un día vinieron estudiantes del cercano Instituto Politécnico Nacional a analizar la estructura de la roca, “pero sus conclusiones fueron como de primaria, ya que nos dijeron que así como dura un siglo en su lugar, también se puede caer ahorita, aunque lo más seguro es que quién sabe”.
La maldición de la Muela no es su tamaño, ni su aparente fragilidad en un cerro cuya inclinación se ha ido pronunciando debido a la erosión, sino a que tuvo la mala suerte de instalarse en la ciudad más grande del mundo y por ende su demolición, ya sea a punta de barreta o por dinamita, podría suponer una tragedia mayor en caso de que se desprendiera de su lugar y se viniera cuesta abajo arrasando con todo a su paso.
“Cada vez que llueve rezamos para que el suelo no se reblandezca alrededor de la Muela, pero no nos iremos de aquí hasta que tengamos otro hogar, puesto que siempre que viene un político en campaña nos promete eso a cambio de votar por él e ir a sus manifestaciones, y ya es hora de que nos cumplan”. rluengo4@hotmail.com

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