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REPORTAJES METROPOLITANOS

CAFE CON LETRAS

CAFE CON LETRAS

Por MINERVA LOPEZ MENDEZ   

“Hay guerras que se pierden /y nunca están perdidas.

/Bajo la paz impuesta por la guerra /

el pueblo calla, espera y no se olvida. /

Hay muertos que no han muerto, /ideas siemprevivas. /

Te escribo, Rafael, para decirte /

que está ocurriendo todo todavía.”

Pequeña noticia a Rafael Alberti.

Del poeta español Jesús López Pacheco. 

Lindísima doña Alicia Elena Pérez Duarte, titular de la Fiscalía Especializada para la atención de Delitos cometidos contra las Mujeres. La encantadora funcionaria dijo que  --palabra más, palabra menos--  como la Procuraduría General de Justicia del Estado de México negara que hubiesen  mujeres detenidas por lo de Atenco los días tres y cuatro de mayo, pues, eso impidió entre otras cosillas  que la dependencia a su cargo, digamos, tomara cartas en el asunto. Qué le parece, lector. La justicia pasa de testigo ocular a testigo de oídas. Y de oídas de “oidossordos” a “rumor”, cuando el “rumor” creció y es un escándalo internacional, entons, pues a entrarle al síndrome de declaracionitis para lavar tal vez las “meas culpas.” Porque, inténtelo lector o mejor dicho, pa qué lo intenta, si usted le preguntara a tales individuos, por decir lo menos,  si les gusta matar, violar, tundir, contundir  u cometer algunos abusillos deshonestos  (esto último Yunes dixit) incluidos en esa nueva, novísima y novedosa figura penal tan pero tan deshonesta, pues le van a decir que no, pero ya obligados por las circunstancias, poossss…y además en cumplimiento de sus órdenes, …puesdn… y ya acalorados por el clima y las presiones, ya sabe asté, la adrenalina, pooosss… y así hasta el infinito.El problema es deslindar si, entre las funciones de tan encantadora y gentil funcionaria Pérez Duarte está la de acudir, verificar, constatar, en síntesis, comprobar fehacientemente en el lugar o lugares donde estaban recluidos los detenidos, si había algunas mujeres. Claro, simplemente mujeres. Ciudadanas mexicanas o de cualesquier otra nacionalidad que bajo el amparo de su condición de mexicanas o de cualquier nacionalidad en pleno uso de sus derechos legales, constitucionales, humanos y cualesquiera otro, estaban en el “lugar equivocado, en el momento equivocado”, (claro, no en el país equivocado) y fueron víctimas de vejaciones sin nombre. Mujeres. Simple ciudadanas de género femenino, valga la redundancia. No personas a las que tan misóginos cuatreros llaman alborotadoras, mentecatas, subversivas, fisgonas, metiches, buscapleitos, inmorales, desfachatadas, sinvergüenzas, reputas, lesbianas, trasvestis, locas, ninfómanas, verduleras, soliviantadoras, provocadoras sexuales, pecadoras irredentas, encarnacionesdeldiablo, viejas culecas, lavadorasdedospatas, sirvientas putañeras, indiaspatarrajadas,  jijísimasdelatiznada,  entre otros epítetos maravillosos que utilizan algunos  mandamases adoradores de cualquier “gober precioso” que permiten y autorizan más que divinalmente,  fascistoide y “legalmente” toda clase de vejámenes a las mujeres  “pa que escarmienten las muy requeputas” y a los hombres “pa que anden derechitos los cabrones”.  “Escarmientos” que el colonial autoritarismo pretende imponer para ampliar su ya amplísimo poder y que con los mismos ejemplifica (y esconde) conductas cuyos calificativos serían totalmente impublicables pero no por ello menos certeros; los calificativos, claro.  En fin, deslindar si,  tan encantadora dama, doña Alicia Elena Pérez Duarte, tiene entre sus funciones intervenir, acudir, comprobar, constatar y evitar e impedir en su caso, abusos contra las mujeres, o,  si la dependencia a su cargo es un elefante blanco y primoroso además de atildado que no sirve para maldita la cosa, o en el  mejor de los casos para cubrir las apariencias, cosita deleznable que en lenguaje vulgar, sonaría por supuesto,  vulgarcísimo. Y no circunscribirse a hablar por telefonito pa preguntar, digamos, cómo pinta el día, si gritaron mucho por los golpes o el tipo de sangre predominante en la profusión de heridas de los casi 190 detenidos y poli contundidos. Claro, todo ello para elaborar un informe estadístico, profesional, impecable, que mucho le agradecerán sus homólogos y superiores, los ciudadanos también, digno del salario que devenga tan encantadora servidora pública cuyos honorarios, caso de cobrarlos, los pagamos los contribuyentes. Mejor a otra cosa lector, y comparto con usted un poema de los indios Quechuas, de Perú, recopilado por Ernesto Cardenal en su libro Antología de la Poesía Primitiva, Alianza Editorial, Madrid, 1979.“Las gotas de agua / que amanecen en las flores / son lágrimas de la luna / que de noche llora.”cafeconletras@gmail.comminerva@reportajesmetropolitanos.com.mx 

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